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jueves, 20 de noviembre de 2008

Los guerreros sanadores



Estas almas, como todas las demás, han nacido de la luz, de la Fuente. Escogieron la familia de los sanadores y, cuando se produjo una escisión en el seno de esta familia, su identidad se sintió intensamente llamada a reagruparse con otras almas para crear una familia responsable de la protección del fluido de la sanación en el universo de las almas y en el resto de los universos planetarios. Se convirtieron así en guerreros sanadores y fortalecieron su identidad. Se encargan, en cierta medida, del alineamiento de la sanación allí donde estén, ya sea en el universo de las almas o en el de la Tierra, Mercurio o Arturo. Ahí donde se encarnan alinean el fluido de la sanación, lo protegen y lo defienden de cualquier ataque de energía incompatible. Actúan allí donde ese fluido no puede penetrar. Tienen un gran sentido de la responsabilidad y es preciso que vayan con cuidado porque suelen acumular mucho peso en sus hombros y pueden caer fácilmente en la tentación de salvar a todo el mundo. Ésta es una de las pruebas de su encarnación.
Necesitan buenas bases y son capaces de materializarlas. Utilizan símbolos específicos, anillos o collares con un significado determinado, por ejemplo. Se rigen por un código común y no les disgusta llevar tatuajes. Son muy sólidas porque han recibido iniciación de la familia de los guerreros con la finalidad de reforzar su condición de guerreros, de guerreros al servicio de la sanación.
Los guerreros sanadores son los protectores del fluido de la sanación en el universo. Están presentes y actúan ahí donde se distorsiona la utilización de este fluido, ya sea en el más allá o en el más acá. Estas almas velan por que el fluido sea canalizado en su máxima pureza: la energía del amor.

Extracto: Las Familias de Almas

miércoles, 18 de junio de 2008

La Respiración del Yo

Puede morir el yo? En ciertas obras espirituales dice el maestro que es preciso matar el ego, la personalidad, porque el ego es el enemigo. Hay muchas maneras de interpretar este mensaje.

Hasta ahora, por lo que a mi práctica terapéutica se refiere, lo que he observado es que, cuanto más respira el yo en el sí-mismo, es decir, cuanto más flexible es la personalidad, cuanto más encarnada está en un cuerpo la naturaleza profund del ser, o sea, el alma, tanto más puede influir en la vidad cotidiana mediante su vibración de amor y de vida. Así, los actos serán portadores de equilibrio y de transparencia. Si eta respiración del yo es limitada, entonces nos convertimos en testigos de dureza, de violencia, de autodestrucción, en esa relación íntima con la fuerzas de la vida y de amor que habitan en nosotros.


Marie Lise Labonté.

El Clic. Edit Salterrae

lunes, 9 de junio de 2008

La Familia de los Maestros




Actualmente existe en el planeta Tierra, una familia que nosotros llamamos la de los Maestros. En su seno residen, entre otros, los Maestros Ascendidos. El objetivo de la existencia de estas almas es iniciar el movimento. Cuando se encarnan y la personalidad asegura la transparencia, se convierten en dirigentes, en iniciadores de algún movimiento, ya sea en la luz o en las tinieblas.
¿Suscita eso alguna reacción en vosotros? El juicio no existe en el más allá. Vuestra lama es libre en todo momento. A través del filtro terrestre, dudéis optar por el amor y la luz. Tenéis igualmente la posibilidad de uniros al desamor y a la destrucción, vuestra identidad se pondrá al servicio de vuestra elección.



En ambos casos, os continuará habitando la llama divina. La luz no desaparece extrañada por vuestra decisión, porque, como la Fuente, es incondicional. Os acompañará hasta que transforméis esa elección. Sois libres y en esta libertad consiste vuestra iniciación.
Muchas almas de este mundo nos dicen que preferirían estar encarceladas. Para ellas sería más fácil vivir así, porque conocerían los barrotes de su prisión y dispondrían de referencias. Mientras que la libertad las obligaría a elegir. Esta precisión no sólo se aplica a las almas, sea cual sea su familia.



Volvamos, pues, a la familia de los maestros; la vibración que llevan consigo las almas que eligen encarnarse en el seno de este familia es la de iniciar el movimiento. Ahora bien, es en la densidad de la encarnación, tal vez el alama no deje de pedir “por favor, permíteme iniciar el movimiento” y tope con la resistencia de la personalidad hasta los cincuenta y cuatro años, y sea entonces cuando suelte uno amarras y decida responder a la visión interior iniciando un movimiento; la forma que adopte ese movimiento no tiene ninguna importancia. Todo ello está exento de juicio.



Para estas almas, una de las pruebas de la encarnación es el ego y las distorsiones posibles de su condición de maestros: la atracción por el poder, por la manipulación. Porque el maestro es aquel que dirige, que transmite, que muestra el camino, que debe iniciar el movimiento a partir del amor y, sobre todo, de la humildad. El maestro no necesita de ningún título porque sabe que lo es. Por naturaleza, en todas las células de su envoltura física, es maestro no sólo con respecto a su vida sino con respecto a todo lo que toca, lo cual comporta una gran responsabilidad. Algunos pueden vivirlo como un peso, otros pueden rechazarlo, no respetar esa energía y distorsionarla con sus actos. A estas almas, la encarnación les exige comprometerse. E alma sabe a qué familia pertenece, conoce su naturaleza y su identidad. Si la personalidad decide errar, ¡el alma obligará al compromiso! La fuerza que la anima en la encarnación puede hacerlo salta todo por los aires, derrocar todas las estructuras para favorecer el alineamiento total.



Muchas entidades esperan a los maestros para ser iniciados. Son almas pioneras, que abren camino. No deberían tener miedo de manifestar la abundancia material en su vida, porque necesitan esta base para señalar el Camino. La fuerza del maestro se expresa tanto en el hacer como en el no hacer. Si se mantiene en su centro, si conserva la serenidad, su impacto es mucho mayor, ya que la fuerza vibratoria que habita en su alma es tal que bastaría con que pronunciara una sola palabra en toda su vida, en el momento adecuado, par a cumplir su misión. Así es el maestro, el que inicia el camino.


La Familia de Almas. Edic. Luciérnaga

lunes, 5 de mayo de 2008

Los guerreros sanadores



Estas almas, como todas las demás, han nacido de la luz, de la Fuente. Escogieron la familia de los sanadores y, cuando se produjo una escisión en el seno de esta familia, su identidad se sintió intensamente llamada a reagruparse con otras almas pra crear una famila responsable de la protección del fluido de la sanación en el universo de las almas y en el resto de los los universos planetarios.


Se convirtieron así en guerreros sanadores y fortalecieron su identidad. Se encargan, en cierta medida, del alineamiento de la sanación allí donde estén, ya sea en el universo de las almas o en el de la Tierra, Mercurio o Arturo.

Ahí donde se encarnan alinean el fluido de la sanación, lo protegen y lo defienden de cualquier ataque de energía incompatible. Actúan allí donde ese fluido no puede penetrar. Tienen un gran sentido de la responsabilidad y es precidso que vayan con cuidado porque suelen acumular mucho peso en sus hombros y pueden caer fácilmente en la tentación de salvar a todo el mundo. Ésta es una de las pruebas de su encarnación.


Necesitan buenas bases y son capaces de materializarlas. Utilizan símbolos específicos, anillos o collares con un significado determinado, por ejemplo. Se rigen por un código común y no les disgusta llevar tatuajes. Son muy sólidas porque han recibido una iniciación de la familia de los guerreros con la finalidad de reforzar su condición de guerreros, de guerreros al servicio de la sanación.


Los guerreros sanadores son los protectores del fluido de la sanación en el universo. Están presentes y actúan ahí donde se distorsiona la utilización de este fluido, ya sea en el más allá o en el más acá. Estas almas velan por que el fluido sea canalizado en su máxima pureza: la energía del amor.



Extracto: Las Familias de Almas. Marie Lise Labonté Ed. Luciérnaga